Las sorpresas de Sincerín
Un nuevo día amanece y con él preparamos la moto y nos embarcamos. Salimos de Cartagena rumbo al sureste, rumbo a un pequeño corregimiento del municipio de Arjona: Sincerín. Según salimos de la ciudad de Cartagena, los bordes de la carretera dejan atrás el gris y rojo de las construcciones para dar paso al verde de la naturaleza y el azul del agua y del cielo que nos encamina a nuestro destino. Muchas veces he pensado que a la bandera de Bolívar le falta el color azul que represente a los ríos y a las ciénagas que tanto abundan por esta hermosa tierra.
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| Subida al puente de Gambote |
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| Canal del Dique |
Nos adentramos en sus calles polvorientas, con charcos y huecos por doquier sin observar por ningún lado el poderío del que fue el centro del comercio azucarero de Colombia en la primera mitad del siglo XIX (Ingenio Central de Colombia). Esta hacienda colonial española dominaba los comercios del interior y es que, por aquel entonces, en Sincerín se producían la friolera de 20 toneladas de azúcar diario que distribuían a través del Canal del Dique por toda Colombia. Además, el Ingenio tenía su propia moneda que aceptaban en los lugares de alrededor porque después lo podían cambiar por pesos colombianos en la empresa de los Vélez, concretamente del bisabuelo del ex-alcalde Dionisio Vélez, que fue uno de los aristócratas de la época que más potenció que el ingenio se instalara en Sincerín y del que su familia se estuvo enriqueciendo hasta los años 70.
Pero no todo era azúcar, levadura y alcohol en estas tierras dichosas por la caña "que da miel sin necesidad de abejas", como la llamaban los persas alrededor del siglo V a.C., sino que para iniciar el ingenio y la bonanza económica llegaron un grupo de ingenieros cubanos que, entre otras cosas, jugaban a un nuevo deporte. Un deporte que se hizo con muchos simpatizantes dentro del pueblo y que pronto sería uno de los deportes más aclamados de Colombia: el béisbol. Y si, dicen las "malas lenguas" que el béisbol entró a Colombia por el humilde Sincerín.
Me quedo con un sinsabor en la boca ahora que tengo que terminar mi relato. Me encantaría contar el final feliz de un pueblo que vivió una bonanza económica por más de 40 años, un tiempo en el que todos tenían plata y el futuro parecía un lugar más amable. Un pueblo que supo administrar sus riquezas en pro de la comunidad, dejando mejores infraestructuras para las generaciones venideras. Pero no, la sensación final de Sincerín es de un corregimiento, como tantos otros de Bolívar, abandonado, olvidado por el Estado que parece no recordar que las vías no solamente conducen de un centro poblado a otro y que el desarrollo económico y social no sólo viene de la mano del cemento.
Y, finalmente, termino diciendo y sabiendo que, por desgracia, las riquezas que estas tierras del "sur" dejan a sus habitantes son los recuerdos de tiempos mejores y el olvido "digno" de los pueblos a los que ya saquearon y no pueden explotar más.
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| Sincerín, Bolívar |



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